Jueves / Caracas  Venezuela, 20 de Noviembre de 2008
| Home | Contáctenos | Directorio | Regístrese | Archivo | Ayuda |
EdiciÓn de HOYRequiere Suscripción
 Secciones
  País
  Política
  Humor
  Internacional
  Deportes
  Vivir
  Espectáculos
  Cultura
  Ciudad
  Sucesos
  Suscríbase
  Mi Edición del Día
Indicadores
Económicos
  Actualizados:
  20-11-2008 / 20/11/2008 10:29:18 a.m.
  Dólar
  Bolívares: 2,15
  Bs.F.: 2,15
  Variación: 0,00
  West Texas
  US Dólar/Barril: 53,62
  Variación: -0,92
  Bolsa de Caracas
  Puntos: 35.397,67
  Variación: -83,96
  Dow Jones
  Puntos: 7.997,68
  Variación: -421,65
  EURO
  Dólares: 1,2508
  Variación: -0,0111

 

 

 

Opinión 26-08-2008
Versión del artículo para imprimirEnviar por correo electrónicoVersión del artículo para Guardar
 

 
La culpa es de las vacas

GILBERTO GONZÁLEZ

No eres el único que ha chocado con una vaca, Willian. Mi papá también se llevó por delante a una. Cuenta mi viejo, que el mamonazo con aquel bovino fue tan duro, que después del golpe, se bajó de la camioneta, trastabillando y turulato, pensando que había chocado contra un camión sin luz, porque la condenada vaca era negra y no se veía en la madrugada de aquel accidente. La vaca en cuestión logró sobrevivir... Bueno, a decir verdad, la bicha quedó viva el tiempo que tardaron unos vecinos en llegar para terminar de darle matica de café y desollarla. La convirtieron en bistés y se la llevaron en pedazos. Y ni bola le pararon a mi papá. En las carreteras del país, el orden de prioridades se trastoca. En un accidente vial primero llegan los socorristas de lo ajeno y, con mucha eficiencia le hacen los primeros auxilios a todos los objetos de valor que allí encuentran. Yo también choqué con una vaca... o mejor dicho, fue ella la que me chocó a mí. Como algunos saben, viví muchos años en una granja de pollos en Bejuma. En el camino para llegar a esta granja pululaban las vacas.

Cierto madrugada del año 91, iba yo de regreso a mi casa después una rumba, y mi carrito, un Fiat Uno 88, comenzó a presentar una terrible falla de platinos (siempre echaba broma por los benditos platinos) y se me apagó en plena vía. No había terminado yo de bajarme del carro, cuando oí un tropel que se acercaba. Intrigado encendí las luces del vehículo y pude observar cómo decenas de ojitos fulgurantes venían directo hacia mí.

¡Eran vacas a toda carrera! Creo que una centena de ellas. Me quedé dentro del carro como un caucho de repuesto, paralizado por el miedo ante aquel pelotón bovino. Lo único que se me ocurrió fue comenzar a hacer cambio de luces. Todas las vacas pasaron raudas y veloces a mi lado. Todas menos una. Imagino que venía descuidada hablando con otra de un toro que se había levantado o de que le dolían los pezones cuando la ordeñaban porque se metió de frente contra mi carro. La susodicha cayó de bruces sobre la tapa del motor, pegando la trompa y los cachos del parabrisas. Luego se bajó, como con pena y siguió su camino detrás de sus amigas, como gritando: ¡Espérenme, muchachas! No me dejó ni preguntarle si tenía seguro de responsabilidad civil. Oscar Yanes diría: ¡Así son las vacas!
gilberespacio@gmail.com




  Herramientas de Usuario
Versión del artículo para imprimir
Enviar por correo electrónico
Versión del artículo para Guardar
  Otras Noticias

20-11-2008

19-11-2008

18-11-2008


Home /  País /  Política /  Humor /  Opinión /  Economía /  Internacional /  ElMundo /  Deportes /  Vivir /  Espectáculos /  Cultura /  Sociales /  Ciudad /  Sucesos

Ayuda
 /  Contáctenos /  Regístrese

Copyright 2008.
Cadena Capriles C.A.
Todos los Derechos Reservados
PUBLICIDAD